Partidos épicos se han jugado allí, partidos que la gente que llevaba a sus hijos a la plaza se paraba a ver, los que pasaban por la vereda se frenaban y algunos hasta tomaban partido por alguno de los dos equipos y cada tanto, a los mas efusivos, se les escapaba alguna que otra indicación o algún grito de gol, mas de una termino a las piñas, pero quien no se agarro a trompadas en la placita Rojas?, mis tíos me contaban como ellos cuando eran chicos terminaban a veces los partidos a las piñas y estoy hablando de 30 años atrás, pero bueno eso no viene al caso, algún otro día les contare esas historias, esta está dedicada a la Cancha de 11, esa que nos vio triunfar y caer en la peor derrota, la que nos vio crecer, como personas, como amigos y como equipo, esa canchita nos vio hacernos hombres o llorar como niños.
Tiempo después nos fueron echando de nuestra Plaza, hicieron una cancha de bochas sobre Damonte y nos robaron la cancha chica, y sobre la de 11 hicieron un arenero, en nuestro campo, del que arrancábamos siempre de local, el del arco que miraba para Damonte, un arenero? Pero que iban a entender los pibitos que ese era un santuario del fútbol, de que ahí se forjaron ídolos momentáneos y se ganaron los partidos mas importantes del mundo, de que en esa cancha habíamos aprendido a jugar con orsay, que ahí Juanma dejo de ser tal y se convirtió en Giunta, que ahí yo deje los miedos atrás y empecé a gambetear como mi viejo me había enseñado en el fondo de casa, que ahí hay historia, recuerdos, sudor y sangre, y ahora es un insulso arenero, que saben los pibitos, no saben nada…
En la otra mitad de la de 11, la “visitante”, nos construyeron una canchita, de brea y piedras, que te pelaba las rodillas, con arcos de verdad, y alambrado atrás de estos, pero no era lo mismo, la pelota picaba mucho, era una cancha chica, de 5, ya estaba nos habían robado nuestra cancha de 11, y lo peor de todo que el recuerdo quedara solo en nuestra memoria, porque no tenemos ni una foto de ella…


