Esta es la historia de la canchita de 11, esa que habíamos imaginado en nuestras cabezas, que tenia hasta tribuna para que se sienten a ver, va tribuna, en realidad era una elevación tipo montañita que llevaba a uno de las tres plazoletas gigantes que estaban metro y medio mas arriba del nivel de la plaza, tenia como unos bancos y cosas por el estilo desde donde se veía “todo”, pero este servia tranquilamente como tribuna. Los Arcos los definían los caminitos (el de Damonte y el de Mamberti) y un par de buzos, uno de los laterales era la vereda y el otro una línea imaginaria que casi siempre la daba la escalera de la “tribuna”, tenia el largo de la cuadra, por eso le decíamos la de 11.
Partidos épicos se han jugado allí, partidos que la gente que llevaba a sus hijos a la plaza se paraba a ver, los que pasaban por la vereda se frenaban y algunos hasta tomaban partido por alguno de los dos equipos y cada tanto, a los mas efusivos, se les escapaba alguna que otra indicación o algún grito de gol, mas de una termino a las piñas, pero quien no se agarro a trompadas en la placita Rojas?, mis tíos me contaban como ellos cuando eran chicos terminaban a veces los partidos a las piñas y estoy hablando de 30 años atrás, pero bueno eso no viene al caso, algún otro día les contare esas historias, esta está dedicada a la Cancha de 11, esa que nos vio triunfar y caer en la peor derrota, la que nos vio crecer, como personas, como amigos y como equipo, esa canchita nos vio hacernos hombres o llorar como niños.
Tiempo después nos fueron echando de nuestra Plaza, hicieron una cancha de bochas sobre Damonte y nos robaron la cancha chica, y sobre la de 11 hicieron un arenero, en nuestro campo, del que arrancábamos siempre de local, el del arco que miraba para Damonte, un arenero? Pero que iban a entender los pibitos que ese era un santuario del fútbol, de que ahí se forjaron ídolos momentáneos y se ganaron los partidos mas importantes del mundo, de que en esa cancha habíamos aprendido a jugar con orsay, que ahí Juanma dejo de ser tal y se convirtió en Giunta, que ahí yo deje los miedos atrás y empecé a gambetear como mi viejo me había enseñado en el fondo de casa, que ahí hay historia, recuerdos, sudor y sangre, y ahora es un insulso arenero, que saben los pibitos, no saben nada…
En la otra mitad de la de 11, la “visitante”, nos construyeron una canchita, de brea y piedras, que te pelaba las rodillas, con arcos de verdad, y alambrado atrás de estos, pero no era lo mismo, la pelota picaba mucho, era una cancha chica, de 5, ya estaba nos habían robado nuestra cancha de 11, y lo peor de todo que el recuerdo quedara solo en nuestra memoria, porque no tenemos ni una foto de ella…
Partidos épicos se han jugado allí, partidos que la gente que llevaba a sus hijos a la plaza se paraba a ver, los que pasaban por la vereda se frenaban y algunos hasta tomaban partido por alguno de los dos equipos y cada tanto, a los mas efusivos, se les escapaba alguna que otra indicación o algún grito de gol, mas de una termino a las piñas, pero quien no se agarro a trompadas en la placita Rojas?, mis tíos me contaban como ellos cuando eran chicos terminaban a veces los partidos a las piñas y estoy hablando de 30 años atrás, pero bueno eso no viene al caso, algún otro día les contare esas historias, esta está dedicada a la Cancha de 11, esa que nos vio triunfar y caer en la peor derrota, la que nos vio crecer, como personas, como amigos y como equipo, esa canchita nos vio hacernos hombres o llorar como niños.
Tiempo después nos fueron echando de nuestra Plaza, hicieron una cancha de bochas sobre Damonte y nos robaron la cancha chica, y sobre la de 11 hicieron un arenero, en nuestro campo, del que arrancábamos siempre de local, el del arco que miraba para Damonte, un arenero? Pero que iban a entender los pibitos que ese era un santuario del fútbol, de que ahí se forjaron ídolos momentáneos y se ganaron los partidos mas importantes del mundo, de que en esa cancha habíamos aprendido a jugar con orsay, que ahí Juanma dejo de ser tal y se convirtió en Giunta, que ahí yo deje los miedos atrás y empecé a gambetear como mi viejo me había enseñado en el fondo de casa, que ahí hay historia, recuerdos, sudor y sangre, y ahora es un insulso arenero, que saben los pibitos, no saben nada…
En la otra mitad de la de 11, la “visitante”, nos construyeron una canchita, de brea y piedras, que te pelaba las rodillas, con arcos de verdad, y alambrado atrás de estos, pero no era lo mismo, la pelota picaba mucho, era una cancha chica, de 5, ya estaba nos habían robado nuestra cancha de 11, y lo peor de todo que el recuerdo quedara solo en nuestra memoria, porque no tenemos ni una foto de ella…