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Noche Dominguera...


No hay noche más aburrida, trágica y exasperante como la del domingo, ya es bastante tedioso dicho día como para engalanarlo con una noche que sólo puede servir para bostezos, una película vieja de esas que se ven tantas veces que uno la repite de memoria y para comer o picar las sobras del asado del mediodía…Miro entre los rejas de las casas, me río del aburrimiento ajeno como si el mío no fuera peor, juego a la rayuela entre las baldozas de la ciudad, sin embargo nunca logro llegar al cielo, sigo los caminos del agua que sale por las calles, siempre quiero saber hacia donde va, pero algún auto con su bocina me desconcentra y sólo llego hasta las esquinas o descampados que me pierden…Me quedo en las paradas de ómnibus, allí los domingos hay señoras muy gorditas que tienen mucha paciencia y comen caramelos media hora mientras esperan minutos que se convierten en horas. A veces les pido que me conviden, mejor dicho les sigo la charla con tal de que me regalen un caramelo de mi infancia y así me quedo contenta y les hago compañía a estas mujeres que me inspiran mucha soledad, aunque no la tengan; lo que pasa es que los domingos a la nochecita todo carga con un halo de tristeza que se me hace insoportable en momentos…Hasta las luces de la plaza parecen más débiles y los fantasmas de antaño salen a pasear como si aún la vuelta del perro fuera la mejor arma de seducción. Me siento un rato al lado de los dueños de los bancos, ellos permanecen horas sentados, han visto pasar generaciones delante de sus ojos, sin embargo están tan silenciosos e inmutables que me terminan aburriendo y sigo mi tránsito en busca de un poco de acción en una noche que no la hay…La gente sale de misa y le encanta pararse a charlar, nadie habla del sermón del sacerdote, ni cuánto le afectó la energía de sus palabras, por el contrario apenas salen de alabar a Dios y de pedir perdón varias critican la ropa de la vecina y lo mal vestida que fue a la Iglesia, como si para ir a ver a Dios hubiera que estar a la moda.Los autos dan vueltas, la gente quiere distraerse mirando las caras ajenas, envidiando las vidas de los demás, soñando con lo que tal vez nunca puedan comprar como si la felicidad estuviera contenida en una heladera o en un auto último modelo…Los domingos a la nochecita es cuando la gente se pone triste con su propia vida, caminan despacio, suspiran deseos que saben no se concretarán, hacen cuentas para ver si llegarán al próximo año con más dinero para solucionar los problemas que siempre e inevitablemente cargarán sobre sus espaldas…Los que aprovechan esas oscuras horas del domingo son los adolescentes que recién comienzan a salir y que se desesperan por encontrarse en alguna plaza con el amor que les roba todos los pensamientos, allí se entregan a los primeros besos y caricias con una inocencia que de a poco la arrebata el tiempo yy allí entre los brazos del amor pierden absolutamente todos la coherencia y en algunos lugares se los ve hasta volar…Cuando la gente ya no sabe que hacer siempre opta por comer, las familias enteras disfrutan de esa pizza que es el regalo mayor del fin de semana y que llena de alegría las caras de los niños, para muchos chicos es una aventura salir a comer afuera, porque el postre siempre es un helado o unas fichitas para los jueguitos que calman los sueños de toda una semana…Así se muere el domingo, entre meseros que atienden a aburridos clientes, entre computadoras que envían y reciben bits de amor, entre llamadas, a costo reducido por ser fin de semana, a los pa-rientes que uno nunca ve, pero que necesita escucharlos de cuando en cuando para tener la certeza de que todo está bien y que la vida se prolonga un poquito más…Así se va el domingo en un perro callejero, en carros que juntan las sobras de panzas que se llenaron, en autos con música muy fuerte para silenciar el ruido de los tristes pensamientos, en dos manos juntas que caminan pensando en si realmente vale la pena seguir el día de mañana…Mientras yo los miro y empiezo a caminar las oscuras horas de un lunes fatídico…

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No hay noche más aburrida, trágica y exasperante como la del domingo, ya es bastante tedioso dicho día como para engalanarlo con una noche que sólo puede servir para bostezos, una película vieja de esas que se ven tantas veces que uno la repite de memoria y para comer o picar las sobras del asado del mediodía…Miro entre los rejas de las casas, me río del aburrimiento ajeno como si el mío no fuera peor, juego a la rayuela entre las baldozas de la ciudad, sin embargo nunca logro llegar al cielo, sigo los caminos del agua que sale por las calles, siempre quiero saber hacia donde va, pero algún auto con su bocina me desconcentra y sólo llego hasta las esquinas o descampados que me pierden…Me quedo en las paradas de ómnibus, allí los domingos hay señoras muy gorditas que tienen mucha paciencia y comen caramelos media hora mientras esperan minutos que se convierten en horas. A veces les pido que me conviden, mejor dicho les sigo la charla con tal de que me regalen un caramelo de mi infancia y así me quedo contenta y les hago compañía a estas mujeres que me inspiran mucha soledad, aunque no la tengan; lo que pasa es que los domingos a la nochecita todo carga con un halo de tristeza que se me hace insoportable en momentos…Hasta las luces de la plaza parecen más débiles y los fantasmas de antaño salen a pasear como si aún la vuelta del perro fuera la mejor arma de seducción. Me siento un rato al lado de los dueños de los bancos, ellos permanecen horas sentados, han visto pasar generaciones delante de sus ojos, sin embargo están tan silenciosos e inmutables que me terminan aburriendo y sigo mi tránsito en busca de un poco de acción en una noche que no la hay…La gente sale de misa y le encanta pararse a charlar, nadie habla del sermón del sacerdote, ni cuánto le afectó la energía de sus palabras, por el contrario apenas salen de alabar a Dios y de pedir perdón varias critican la ropa de la vecina y lo mal vestida que fue a la Iglesia, como si para ir a ver a Dios hubiera que estar a la moda.Los autos dan vueltas, la gente quiere distraerse mirando las caras ajenas, envidiando las vidas de los demás, soñando con lo que tal vez nunca puedan comprar como si la felicidad estuviera contenida en una heladera o en un auto último modelo…Los domingos a la nochecita es cuando la gente se pone triste con su propia vida, caminan despacio, suspiran deseos que saben no se concretarán, hacen cuentas para ver si llegarán al próximo año con más dinero para solucionar los problemas que siempre e inevitablemente cargarán sobre sus espaldas…Los que aprovechan esas oscuras horas del domingo son los adolescentes que recién comienzan a salir y que se desesperan por encontrarse en alguna plaza con el amor que les roba todos los pensamientos, allí se entregan a los primeros besos y caricias con una inocencia que de a poco la arrebata el tiempo yy allí entre los brazos del amor pierden absolutamente todos la coherencia y en algunos lugares se los ve hasta volar…Cuando la gente ya no sabe que hacer siempre opta por comer, las familias enteras disfrutan de esa pizza que es el regalo mayor del fin de semana y que llena de alegría las caras de los niños, para muchos chicos es una aventura salir a comer afuera, porque el postre siempre es un helado o unas fichitas para los jueguitos que calman los sueños de toda una semana…Así se muere el domingo, entre meseros que atienden a aburridos clientes, entre computadoras que envían y reciben bits de amor, entre llamadas, a costo reducido por ser fin de semana, a los pa-rientes que uno nunca ve, pero que necesita escucharlos de cuando en cuando para tener la certeza de que todo está bien y que la vida se prolonga un poquito más…Así se va el domingo en un perro callejero, en carros que juntan las sobras de panzas que se llenaron, en autos con música muy fuerte para silenciar el ruido de los tristes pensamientos, en dos manos juntas que caminan pensando en si realmente vale la pena seguir el día de mañana…Mientras yo los miro y empiezo a caminar las oscuras horas de un lunes fatídico…

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